Lo que nos propusimos contar
Nuestro territorio es el país entero, aunque trabajamos desde Coquimbo. Cubrimos personas de distintos oficios, la vida diaria en mercados y barrios, comunidades rurales y costeras, y conversaciones con vecinos que guardan la memoria de su entorno. No hacemos política contingente ni noticias de último minuto.
Elegimos las historias por su cercanía y por lo que enseñan de la vida cotidiana. Una buena propuesta suele partir de una persona, un lugar o una costumbre concreta. Antes de salir a fotografiar, el editor de la rubrica conversa con la editora en jefe sobre el enfoque y el trato hacia quienes aparecerán.
Revisamos cada texto y cada imagen antes de publicar. Se comprueban nombres, lugares y fechas, y se consulta a las personas retratadas cuando hay dudas sobre cómo quedan representadas. Si algo cambia después de publicado, lo corregimos y lo indicamos en el mismo artículo.
Las fotografías no se usan para adornar el texto: son parte del relato. Buscamos escenas reales, sin puesta en escena exagerada, y evitamos los estereotipos sobre regiones, oficios o generaciones. Preferimos una imagen sencilla pero fiel a una espectacular que no diga nada.
Los lectores también forman parte de la redacción. Si usted conoce una caleta, un taller o una historia familiar que merezca contarse, puede escribirnos desde la página de contacto. Leemos todos los mensajes y respondemos a quienes aportan una idea que podamos desarrollar.
Una historia bien contada empieza por escuchar. Primero va la persona, después la fotografía, y al final el texto, que debe sonar como ella.
Carolina Fuentealba, editora en jefe
